Tigre

Tu cerebro con estrés

Incluso cuando las cosas van bien, el estrés no es algo que podamos evitar por completo.

Todos sentimos estrés a veces, y muchos de nosotros lo estamos sufriendo en este momento. Al final y al cabo, es una reacción 100 % normal, especialmente durante los tiempos difíciles que nos toca vivir debido al COVID-19. Y aunque a menudo pensamos en el estrés como un error del sistema, en realidad es una funcionalidad: el estrés evolucionó para preparar al cuerpo para sobrevivir.

Imagina que estás en la prehistoria, has abandonado tu cueva y estás cazando. Solo con tu fiel lanza para defenderte, te encuentras con una especie aterradora: un cruce entre un mamut lanudo y un tigre con dientes de sable. Solo tienes dos opciones: ponerte de pie y luchar... o salir corriendo.

Esto se conoce con bastante acierto como reflejo de lucha o huida. En ese momento, el corazón y la respiración se aceleran, la sangre corre por los músculos para cargarlos con glucosa y obtener energía, y tú estás alerta. Todo esto sucede para ayudarte a salir con vida de ese peligroso encuentro con la fiera.

Esta reacción sigue siendo (casi siempre) útil hoy en día, a pesar de que el tigre lanudo ya no vaga por la tierra en busca de sabrosos bocados humanos (en realidad, nunca lo hizo). La energía de la lucha o la huida es lo que te mantiene alerta ante una llamada importante o te hace correr para cumplir un plazo importante. En las circunstancias adecuadas, se trata de un estrés del bueno (sí, existe).

Por otro lado, a veces esta reacción surge en situaciones que no podemos cambiar o como reacción a circunstancias en las que tenemos poca o ninguna influencia (como una pandemia global) y no nos sirve de mucho.

Puede ser especialmente tóxico para nuestro estado de ánimo e incluso para nuestra salud física cuando es crónico o se sufre durante mucho tiempo.

La mayoría de nosotros tenemos que lidiar con lo que creemos que está provocando nuestro estrés (hipotecas, evaluaciones de rendimiento, mantener entretenidos a los niños, el contagio), pero ¿cuál es exactamente la función de nuestro cerebro de cara al estrés?

Esto es lo que sabemos hasta ahora:

La lucha o la huida es común entre los mamíferos (no solo en los humanos).

En el centro de la respuesta de estrés hay una pequeña estructura llamada amígdala. Ese pequeño elemento, apodado el «centro del miedo», desencadena una cascada de eventos (dentro de nuestros cuerpos) que preparan nuestras mentes y cuerpos para hacer cara a los conflictos o huir de ellos.

Y la amígdala no solo atormenta a los humanos; todos los mamíferos tienen una; forma parte del sistema límbico, un antiguo aparato evolutivo que procesa nuestras emociones y recuerdos básicos.

El cortisol hace que siga llegando el estrés

Cuando se activa la amígdala, la respuesta de estrés se comunica al resto del cuerpo a través de la hormona del estrés, el cortisol. Afortunadamente, aunque es imposible evitar la lucha o la huida por completo, el ejercicio es un excelente método para recuperar la calma: ayuda a reducir los niveles de cortisol para conseguir serenarse antes.


Existe el estrés bueno

El estrés no es del todo malo. Afecta al cerebro de diferentes maneras; de hecho, algo de presión nos ayuda a ser más resilientes volviendo a conectar el cerebro de manera ventajosa. Cuando estamos emocionados y esperanzados, sentimos un tipo de estrés particularmente útil.

Curiosamente, la emoción desencadena nuestra respuesta de huida o lucha, pero se las arregla para hacerlo sin la dosis necesaria de miedo y ansiedad del estrés.

Podemos convertir el estrés malo en bueno

Puede sonar raro, pero podemos cambiar la forma en la que pensamos sobre el estrés para que el «estrés malo» sea menos dañino. Al igual que entrenamos nuestro cuerpo con ejercicio físico, podemos entrenar nuestra mente para lidiar con el estrés. Al recordarnos las cosas buenas de la vida a través de actividades de pensamiento positivo, podemos controlar nuestro pensamiento y aprender a cambiar nuestra perspectiva sobre ciertas cosas.

Otra forma de mantener a raya el estrés es dividiendo los retos en partes más manejables, para que no sean tan abrumadores. Y finalmente, la mejor manera de controlar el estrés, incluso en tiempos de incertidumbre, es desconectando y cuidando nuestro cuerpo y mente en las rutinas diarias.

¿Notas que tu cerebro cambia con frecuencia al modo de lucha o huida? ¿Cómo gestionas tú el estrés del día a día? Cuéntanoslo en foundations@koahealth.com.